Hace muchísimo, pero muchísimo tiempo, existían unas criaturas maravillosas, los unicornios. Ellos eran animales solitarios y tímidos, pero capturarlos era particularmente difícil. Se creía que su cuerno brindaba protección contra todos los venenos conocidos y también contra las enfermedades incurables; también, que quien ingiriera alguna poción preparada con cuerno de unicornio, viviría eternamente. Los nobles consumían el cuerno molido preparado con la comida o la bebida, y su acción era más intensa si la copa estaba hecha con un cuerno de este animal. Muchas personas querían vivir eternamente, otras solo querían tener la mágica protección, así que intentaron cazar a los unicornios hasta que no quedó ninguno vivo. La leyenda dice que solo unos pocos lograron salvarse y viven ocultos en lo profundo de los bosques, con temor a ser atrapados.
Hace mucho tiempo, en un pueblo de Alemania, todos los habitantes se encontraban preparando sus hogares para el 24 de diciembre; todos limpiaban y limpiaban tratando de dejar su casa reluciente para el día de navidad. En una de esas casas, vivía una familia de arañas, que corrió a esconderse para que no las fueran a encontrar, desde su escondite observaron como la familia de esa casa colocaba un gran árbol lleno de adornos de todos los colores. Después de que todos se fueron a dormir decidieron bajar a ver el hermoso árbol, y cuando llegaron, las pequeñas arañas comenzaron a jugar, pero al hacerlo llenaban el árbol de telaraña. Cuando llegó Santa Claus, comenzó a reírse al ver como jugaban las arañitas, pero sabía que no las podía dejar así, porque sus telarañas pondrían triste a la familia. Entonces le preguntó a las arañas si en verdad querían quedarse en el árbol para brillar por siempre; todas dijeron que sí. Así que Santa sopló sobre ellas y se convirtieron en adornos de navidad y sus telarañas en listones.